Un recorrido por la felicidad

Sobre la felicidad es mucho lo que se ha dicho a lo largo del tiempo, se ha discutido sobre si es solo una sensación momentánea, o si es un estado del ser humano que incluso puede ser trabajada de manera intencional. Es una palabra que ha sido objeto de estudio en principio de la psicología, pero que incluso se aborda desde la religión que mantiene la idea de que la felicidad se consigue a través de la comunidad con Dios, y la filosofía, que termina definiéndola como el bien al que tienden todos los seres humanos, con el atenuante de que ese “bien” es definido subjetivamente, y sí que es subjetivo, es bastante difícil encontrar un consenso de lo que significa ser feliz.


Algunos exponentes de la filosofía como Platón indican que la felicidad está en el cambio tranquilo de todas las cosas; para Aristóteles felicidad es cuando se abandonan los placeres para dedicarse a la contemplación o a la política de tal forma que se tengan buenos hábitos en comunidad; para Epicuro la felicidad es un medio para la imperturbabilidad y se llega a ella por medio de los placeres sencillos que se satisfacen fácilmente; para filósofos contemporáneos como José Ortega la felicidad consiste en encontrar algo que nos satisfaga completamente alineando nuestra vida proyectada (lo que queremos ser) con nuestra vida efectiva (lo que somos realmente).


Si nos remitimos a la psicología, Seligman nos indica que “la felicidad es cuando nuestra vida

satisface plenamente nuestras necesidades”, lo que plantea que hasta no tener todo lo que

subjetivamente consideramos necesidades cubiertas, no seremos felices. Adicionalmente, en esta ciencia se ha definido una fórmula matemática para determinar los componentes de la felicidad en los seres humanos: 50% de genes, el 10% de las situaciones que nos rodean y el 40% de las actividades que hacemos a diario, lo que podría interpretarse en que sólo tenemos un 40% de posibilidades para decidir racional y voluntariamente ser felices.

Si seguimos referenciando definiciones de felicidad, podríamos ganarnos un record en extensión de textos ya que lo que se encuentra de manera fácil e instantánea es demasiado, algunas de ellas pueden llegar a catalogarse como opiniones, otras pueden ser parte de estudios científicos serios, pero en todo caso, una persona que esté buscando definir su felicidad y trabajar en ella puede tener grandes confusiones al encontrarse con este universo de información, o esto en particular fue lo que experimenté en lo personal.


Cómo ser humano que soy, con una curiosidad particular en la búsqueda de una vida plena

después de haber tenido un episodio de insomnio por estrés y de haber conocido a muchas

personas que iban por la vida deseando que fuera solo un día a la vez de lo amargados,

decepcionados y tristes que estaban, empecé a preguntarme si había algo que pudiera hacer para mejorar mis condiciones y no repetir estas historias cercanas. Una psicóloga que aprecio y admiro mucho me empezó a hablar de la rueda de la vida en donde habían diferentes dimensiones que componían a la persona, la clave está en mantener alineadas todas las dimensiones en una alta satisfacción para que la rueda sea completamente redonda y entonces así se pueda andar con felicidad.


En su momento realmente pensé que estas dimensiones tenían una alta oportunidad de ser

gestionadas de manera voluntaria y racional, pero también contaban con un porcentaje de

exposición al destino, si es que así se puede llamar. Por ejemplo, una de esas dimensiones es la

salud, la cual uno puede monitorear, cuidar, proteger, prevenir, entre otras, pero hay muchas

enfermedades que son virales o que son consecuencia de algo que no está en tu capacidad de

gestión y te enfermas sin que lo pienses o lo quieras. O por ejemplo la relación con la pareja, que uno puede cultivar, mantener, ceder, amar, pero una relación es de dos y para que la armonía esté, es necesario contar con la voluntad del otro lo que por supuesto ya se sale del control total de ese 40% que tenemos para poder trabajar por nuestra felicidad. ¿Qué hacer entonces? Yo pensaría que sin importar lo que no se puede controlar, hay que enfocar todas las energías a hacer bien lo que está en nuestras manos y a nuestro alcance, quizás así se terminen evitando sensaciones que se somaticen por el cuerpo en enfermedades, o, se termine contagiado de amor a la pareja para que esté viviendo el mismo momento de vida que nosotros.

Así como este par de ejemplos se podría revisar qué puede hacer uno y qué le queda por esperar de terceros o de las circunstancias en las otras dimensiones, pero hay una en particular a la que me quisiera referir porque a mí en lo personal últimamente me ha causado mucho interés y es el trabajo. En su mismo nombre implica algo forzoso, obligado, como si tocara porque no hay otra opción para sobrevivir en este mundo, pero bueno, más allá de la narrativa cultural que gira en torno a este, el trabajo me llama la atención porque se divide en muchas variables que parecen no estar dentro de ese porcentaje de maniobra que la psicología dice que tenemos. En lo primero que pienso es que no está en nuestras manos dejar de hacer lo que no nos gusta y empezar a hacer lo que nos gusta de una manera tan sencilla por el contexto en el que vivimos: por más que especialistas en Gestión de Talento aseguremos (yo entre ellos) que la dinámica de empleabilidad ha dado un giro y hoy no sean las empresas las que escogen a las personas, sino que también las personas escogen a las empresas (sustentados seguramente en muchas teorías e indicadores validados), por experiencia sé que las empresas sí siguen escogiendo bien a quien ingresa y a quien no en sus filas así tengan componentes orientados más al ser, y segundo porque los promedios de consecución laboral en este país demuestran lo contrario, es que la tendencia es a que ni siquiera te contesten de un proceso al que aplicaste por qué no fuiste elegido y eso sinceramente no aporta a la felicidad.


Ahora bien, imaginemos que ya estamos trabajando, y tenemos problemas con los superiores o

con compañeros, o el trabajo no nos gusta, o cualquier circunstancia que te haga sentir infeliz…

¿puedes hacer algo para cambiarla? Seguramente si, tal como en los ejemplos de arriba siempre

habrá algo que dependa de nosotros, pero también hay otros componentes en juego que

involucra aspectos no controlables y tendremos que tomar una decisión al respecto sobre si irnos o quedarnos e intentarlo nuevamente. Claro está que irnos representa pasar por mi inquietud del párrafo anterior y entonces no se sabe si la cura es peor que la enfermedad.

Alrededor del trabajo también hay más variables: ascensos, remuneraciones, nivelación de la vida personal, entre muchos otros que dan para escribir libros, aquí el punto es que pensar en todo esto realmente congestiona la mente, al parecer no hay fórmulas mágicas que te lleven a la

felicidad, y varios intentos si se han hecho para determinarla, es solo ver nuestras redes sociales

con un montón de listas de “las 10 cosas que hay que hacer para ser feliz”, o semejantes, pero por más que agradezcas un día, pidas perdón a quién te lastimó, te compares con otros que están en peores circunstancias, uses zapatos cómodos, envíes hojas de vida o te relaciones con personas que están en el trabajo de tus sueños, no vas a experimentar la felicidad como estado de la vida, sino como momentos específicos de euforia.


Partamos del hecho de que lo que buscamos no es estar feliz, es ser felices y eso marca una

diferencia muy amplia porque en términos de Responsabilidad Social Empresarial, la idea es tener una felicidad sostenible, es decir, perdurable; y como tenemos factores externos que pueden jugar en contra de esta felicidad, es necesario entonces ver cómo dichas circunstancias negativas van a ser gestionadas en nuestras vidas dentro de esa sostenibilidad, dentro de ese desarrollo sostenible del ser (que seguramente repercute directamente en el desarrollo sostenible de las empresas).


Aquí el asunto también es pensar que si bien las personas pasamos la mayor parte de nuestro

tiempo en las empresas, no son las empresas las llamadas a buscar nuestra felicidad, ellas pueden crear espacios para que nuestra felicidad se mantenga y se fortalezca porque además es un valor estratégico de negocio, pero los directos responsables de buscarla y gestionarla somos nosotros mismos, así sea con un 40% de opciones únicamente, pero estoy segura que este porcentaje se puede ampliar hasta el punto en que seamos totalmente dueños de los factores que incidan en la felicidad sostenible.


La rueda de la vida nos da una idea de dimensiones que podemos revisar en nuestras vidas para

ver qué podemos hacer para mejorarlas y por ende estar más plenos, sin embargo, tampoco

determina nuestra felicidad, por lo menos quizás no para todo el mundo. Prefiero pensar que

siendo un asunto tan subjetivo es preferible seguirlo dejando en las manos de cada quien siempre y cuando sea esta nuestra constante: debemos estar convencidos de que está sólo en nuestras manos trabajar nuestra felicidad, entendida ésta como un estado sostenible. Para ello será muy importante conocernos muy bien, definir exactamente cuáles son nuestras dimensiones de felicidad, qué podemos hacer en cada una de ellas, qué estamos dispuestos a dejarle a terceros o al destino, cómo manejamos eso que nos duele o nos molesta para que su impacto se reduzca, y cómo lo hacemos constante en el tiempo.


Nada de lo anterior es fácil de hacer, toma su tiempo, de hecho, aún cuando se crea que ya está

del todo definido es importante volverlo a revisar y volver a ello porque el mundo va cambiando y con él nuestra vida, por ende debemos ir evolucionando con él. Quizás lo escrito aquí no sea nada nuevo, pero si puede ser un recordatorio de lo que es importante y que muchas veces dejamos atrás, lo que si estoy segura que es, es un llamado a la acción, a salir de nuestra pasividad y del culpar, para empezar a ser protagonistas de nuestra felicidad sostenible, esa de la que hoy se debería estar hablando en las aulas de clase de los colegios, de las universidades, pero sobretodo en los comedores y salas de nuestras casas; los beneficios de una persona feliz se pueden encontrar en el mar de información del que iniciamos hablando, y por esos mismos beneficios ser feliz no es solo por uno, es por los demás, es por las empresas, por la economía, por la movilidad, por el país entero que necesita mejores ciudadanos, mejores conductores, mejores seres humanos que entiendan que en medio de sus defectos, diferencias y problemas, hay opciones que puedenelegir trabajar desde cada uno hasta que tengamos una sociedad en donde la felicidad no sea un fin, el tesoro más buscado, sino en donde sea el camino, parte de nuestro ADN, obvia y evidente en nuestra existencia como lo es nuestro corazón para poder vivir.


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